
Hoy ha muerto un amigo; y no un amigo cualquiera sino uno muy bueno. Respetado y respetable, admirado y admirable, de pluma ágil y humor cáustico y la sonrisa socarrona bajo una mirada pícara, de niño eternamente travieso, y en el fondo, deliberadamente oculto, una ternura entrañable y cálida que regalaba a quién él decidiera que lo merecía. Mujeriego empedernido y asiduo visitante de los bares, siempre decía conocer todas las barras de Las Palmas excepto la de Las Canteras porque no sabía nadar.
Ya le admiraba antes de tener el privilegio de conocerle y su página, “Archipiélago veneno” en el diario “La Provincia” era, para mí, lo mejor del periódico y lo primero que leía. Un día en un bar (como no), le encontré ante un vaso de whisky y me atreví a dirigirme a él para manifestarle mi admiración y, enseguida, hicimos buenas migas y estuvimos conversando durante un buen rato ante sendos vasos de whisky, los primeros de otros muchos que terminaríamos compartiendo en muchas otras ocasiones.
Muchas veces tuve el privilegio de escuchar algunas exquisitas anécdotas de su juventud, de su encarcelamiento en el penal de Jaén y de su exilio en Italia y Suecia y de alguno de sus problemas judiciales por escribir crítica y sarcásticamente de algunos personajes. Y es que su desprecio por la mediocridad, la falta de escrúpulos o la sencilla y pura estupidez en la política disparaba su perenne rebeldía y su inspirada y mordaz pluma.
Su humor, sardónico, despiadado y agrio, eran sus poderosas armas ante sus enemigos y su ternura, fresca y sincera, lo que regalaba generosamente a sus amigos. Me enorgullece haber recibido de él esa ternura sutil y al tiempo poderosa y puedo decir que fue todo un privilegio contar con su amistad.
Cuando me dijeron que por fin se había rendido mis ojos se nublaron de lágrimas y sentí, por un instante, el hueco vacio que su marcha deja en mi pecho. Ya no le vería más, con su paso renqueante de estos últimos años, ya no daría más huevos de oro y su pluma descansa ya para siempre sobre la mesa. Yo le echaré muchísimo de menos y le recordaré siempre y siempre que entre en un bar, beberé a su salud.
Hoy ha muerto un amigo y no un amigo cualquiera. Hasta siempre, Salvador.




















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